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El cerebro desactiva el ruido que le molesta

El cerebro desactiva el ruido que le molesta

cerebro y audición

    Para asegurarse de que un ratón escucha los sonidos de un gato que se acerca, mejor que escuchar los sonidos que producen sus propios pasos, el cerebro del ratón tiene un circuito de cancelación de ruido incorporado.

    Es una conexión directa de la corteza motora del cerebro a la corteza auditiva que dice esencialmente: “estoy corriendo ahora, no debo prestar atención al sonido de mis pasos”.

    “Lo especial de este proceso de cancelación es que el cerebro aprende a desactivar las respuestas a sonidos autogenerados predecibles”, afirma el autor principal de esta investigación, Richard Mooney, profesor de Neurobiología de la Universidad Duke, en Durham, en Carolina del Norte, EEUU.

    “Puedes ver cómo estas respuestas desaparecen en función del tiempo y la experiencia”, añade este experto, cuyo trabajo se publica en la edición digital de este miércoles de ‘Nature’.

    Este circuito cerebral funciona de manera diferente a los auriculares con cancelación de ruido, pero los resultados son similares.

    Los auriculares monitorizan el ruido ambiental alrededor del oyente y luego producen sonidos que son imágenes especulares de esas ondas de sonido para cancelarlas.

    Del mismo modo, la corteza auditiva del cerebro recibe una señal directamente de la corteza motora que dice a sus neuronas inhibidoras que cancelen selectivamente los sonidos que aprendió que surgirán de un movimiento particular.

    Para que este sistema funcione, no puede depender únicamente de la entrada de los oídos, dice Mooney, “porque para cuando la señal auditiva del oído es procesada por el cerebro, son noticias viejas”.

    De hecho, la corteza motora envía la señal de cancelación a la corteza auditiva en paralelo al comando de un movimiento, un proceso tan rápido que la cancelación en la corteza auditiva es realmente predictiva.

    “No se escucha el sonido de la primera pisada”, subraya David Schneider, exinvestigador postdoctoral de Duke en el Laboratorio de Mooney, que ahora es profesor asistente en la Universidad de Nueva York. “Tendríamos dificultades para operar en el mundo natural, si no pudiéramos predecir las consecuencias sensoriales de moverse en él”, explica Mooney, quien también estudió la conexión entre la corteza auditiva y la corteza motora a medida que las aves aprenden a cantar.

    Experimentos de “Realidad Virtual”

    Para monitorizar el circuito, Schneider y la estudiante de posgrado de Duke Janani Sundararajan entrenaron a los ratones para asociar un tono artificial con sus pisadas.

    A medida que los ratones caminaron o corrieron en una cinta rodante en este experimento de “realidad virtual”, el tempo del tono se correspondía con cada golpeteo. “Decidimos hacer el sonido lo más artificial posible para empujar el cerebro del ratón más allá de lo que se había desarrollado”, dice Schneider.

    Schneider y Sundararajan observaron el cerebro del ratón como sinapsis que la corteza motora produce en la corteza auditiva cambiada a medida que aprendía a cancelar un ruido predecible relacionado con el movimiento. Fueron capaces de identificar las neuronas inhibidoras que respondieron al tono artificial para cancelar su señal, “exactamente igual a la cancelación de ruido”, resume Schneider.

    Para confirmar lo que estaban viendo, Sundararajan realizó una serie de experimentos de comportamiento en los que se enseñó a los roedores a buscar una recompensa después de escuchar dos tonos diferentes. Luego, los entrenó en la cinta de correr como antes para asociar uno de esos tonos con caminar.
     Después del entrenamiento, los ratones detectaron el tono no vinculado mejor que el tono de “caminar” cuando estaban caminando, a pesar de que detectaron ambos tonos igualmente bien cuando estaban quietos.

“El cerebro preferiría ser más sensible a los ruidos que no sean los que hacemos”, dice Sundararajan. Para un ratón acosado por un gato cercano, es una cuestión de supervivencia.

Fuente: InfoSalus

¿Por qué nos gustan los sonidos altos?

¿Por qué nos gustan los sonidos altos?

¿Por qué nos gustan los sonidos altos?

    Los sonidos altos en locales nocturnos nos emocionan y nos hacen socializar más, reducen posibles conflictos y tienen un impacto positivo en los negocios, según revela un estudio.

    Nueva Zelanda – 19/12/2017

    ¿Por qué nos gustan si pueden causar pérdida de audición y tener un grave impacto en nuestra salud física y mental?  

    Un estudio de Nueva Zelanda afirma que elegimos exponernos a música alta en locales nocturnos porque los sonidos altos nos hacen sentir excitados, ser más sociables y pueden reducir conflictos.

     Los sonidos altos causan emociones positivas

    Tras la evaluación realizada entre personas de 18 a 25 años, el estudio muestra que los sonidos altos pueden tener efectos positivos en nuestro bienestar aunque la exposición a música alta puede dañar nuestra audición.

    Disfrutamos de los sonidos altos por cuatro razones principales:

*Entusiasmo
*Facilitación de la socialización
*El enmascaramiento del sonido externo y de pensamientos no deseados
*Una mejora de la identidad personal

Los participantes fueron personas que frecuentan locales nocturnos de fiesta, y personas que trabajan y controlan los niveles de sonido en estos locales, como camareros y DJs.

Según tanto los clientes como los empleados, la música alta se relaciona con causar un estado de ánimo positivo, como entusiasmo y felicidad.

    El ruido puede ser una manera de deshacerse de emociones no deseadas o usarse como una forma de aplicar mayor control musical sobre el estado emocional de alguien.

    Además, la música alta genera un contexto para la interacción social y para crear un sentido de comunidad, además de facilitar las interacciones positivas con desconocidos.

    La música alta también puede usarse para enmascarar conversaciones privadas en un ambiente multitudinario, según el estudio.

La música alta como modo de vida

    El estudio grabó los niveles de sonido de locales nocturnos en Auckland City (Nueva Zelanda).

    La música en los clubes alcanzaba una media de niveles continuos de 97 dB, descubriendo que aunque el nivel del sonido alto crea un ambiente de trabajo peligroso, el uso de la música alta tiene un efecto positivo en el negocio: los gerentes del bar pueden usar la música para retener y atraer a clientes, e incluso para controlar a la multitud y reducir conflictos.

    El estudio “Why Do People Like Loud Sound? A Qualitative Study” (“¿Por qué nos gustan los sonidos fuertes? Un estudio cualitativo”) se publicó en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health en mayo de 2017.

Fuente: Hear-it

Oido interno, foto Universidad de Indiana (EEUU)

Las células madre del oído interno pueden servir para revertir la sordera, pero también puede conllevar riesgos

    En el año 2013, la revista Nature publicaba que científicos de la Universidad de Indiana (EEUU) habían utilizado células madre embrionarias de ratón, para crear las estructuras fundamentales del oído interno.

    Cuatro años más tarde, y según información de la agencia Efe, científicos de la Universidad de Rutgers en New Brunswick (EEUU) aseguran que las células madre del oído interno pueden convertirse en neuronas auditivas, lo que abriría la puerta en un futuro a un posible tratamiento para revertir la sordera, pero han visto que el proceso también puede acelerar la división celular con el consiguiente riesgo de cáncer.

    Así se desprende de los resultados de un estudio publicado en la revista ‘Stem Cell Reports’, después de haber comprobado que esta conversión celular se puede controlar, al menos en una placa de Petri, ha reconocido Kelvin Kwan, principal autor del estudio.

    “Es una especie de advertencia de cara a llevar la mejor estrategia de reemplazo celular”, según este experto, ya que hay quienes piensan en que bastaría con utilizar células madre y reemplazarlas por las neuronas perdidas sin tener en cuenta posibles efectos secundarios imprevistos, como una mayor proliferación de células madre.

    Las llamadas células ciliadas en el oído interno convierten los sonidos en señales neuronales que se transmiten al cerebro mediante neuronas ganglionares espirales, señala el estudio.

    Y la pérdida de audición por sobreexposición al ruido causa pérdida de células pilosas, daño severo a los procesos neuronales y degeneración lenta de las neuronas auditivas, dado que las neuronas no se regeneran una vez que se pierden.

“Con los años no te das cuenta de que no estás escuchando bien hasta que te realizan una prueba. Y somos uno de los pocos laboratorios que tratamos de encontrar la forma de abordar el problema de la pérdida auditiva”, ha explicado este experto.

Por ello, en su estudio Kwan y su equipo sobreexpresaron un gen llamado NEUROG1 para convertir las células madre del oído interno en neuronas auditivas.

“Pero dado que eso deriva en una mayor división celular y NEUROG1 se usa en otras células madre para producir otros tipos de neuronas, los científicos en otros campos deben ser conscientes de que al usar este factor, probablemente también aumentarán la proliferación celular”, ha reconocido.

    Asimismo, los científicos de Rutgers también descubrieron que la cromatina influye en el funcionamiento del NEUROG1, de modo que los cambios en la cromatina pueden ayudar a reducir la proliferación de células madre no deseadas y se pueden lograr mediante la adición de medicamentos a cultivos experimentales en placas de Petri.

Foto cabecera: Universidad de Indiana

neuronas y música

Detectadas las neuronas que registran la música

    Detectadas las neuronas que registran la música

    Según información de la Agencia EFE, a primeros de este mes de Septiembre se publicaba en Estados Unidos la noticia de que científicos de la Universidad de California en San Francisco, habrían identificado un grupo de neuronas en la corteza auditiva primaria, capaces de evaluar los cambios en el tono del discurso y su musicalidad, independientemente de quién sea el que habla.

    Mediante este trabajo de investigación se demuestra que la representación en la entonación en algunas neuronas se basa en la codificación de los tonos relativos altos y bajos.

En todas las lenguas, los cambios de entonación son fundamentales para que la comunicación humana fluya con éxito. Es por tanto que la musicalidad llega a influír en el significado de una palabra en algunos idiomas más musicales. Eso supone que algunas partes del cerebro humano y de otros primates sensibles al tono vocal y a la forma de hablar, se ven alteradas y por tanto, se ha podido constatar la actividad eléctrica de las neuronas en una parte de la corteza auditiva, el giro temporal superior y dónde se han observado indicios del procesamiento del acento, los tonos y la entonación.

Los resultados han demostrado que algunas neuronas del giro temporal superior, pueden distinguir las voces debido a las diferencias en la gama vocal; mientras unas neuronas distinguen cada una de las frases basándose solo en los distintos fonemas que la forman; existe un algoritmo que predice la reacción de las neuronas en función del hablante, la fonética, la entonación y la forma de hablar.

Mientras que las neuronas que responden a la entonación se centrán más en el tono relativo alto y bajo de la voz, es decir, cómo varía la entonación dentro de un discurso; otras neuronas responden al tono absoluto, es decir, la capacidad de distinguir una nota sin la ayuda de otra referencia.

“Para mí este es uno de los aspectos más emocionantes del estudio”, asegura Tang. “Hemos sido capaces de demostrar no solo dónde se codifica la prosodia si no cómo, al explicar la actividad en términos de cambios específicos en el tono vocal. Ahora lo importante es hallar cómo controla el cerebro nuestro tracto vocal para producir esos sonidos intencionales”, añade Tang.

El estudio se ha llevado a cabo gracias a un mareo de la actividad eléctrica de los pacientes con epilepsia severa que sostienen que el cerebro es capaz de identificar características importantes que den significado a lo que se está escuchando. También se revela cómo el cerebro es capaz de desmontar la compleja fuente de sonidos del habla que recibe en cuestión de milisegundos.

Fuente: Agencia EFE